El león y el ratón
Un día, un león arrogante se burló de un ratón por ser tan pequeño e insignificante.

Un día, un león arrogante se burló de un ratón por ser tan pequeño e insignificante.

  • ¿Por qué no te enfrentas a mí? - le dijo el león -. Te apuesto lo que quieras a que te devoro en un segundo.
  • Está bien - aceptó el ratón -. Apostemos una bolsa de queso.
  • ¡Hecho! - exclamó el león -. Elige el lugar y la hora.
  • Mañana al mediodía, en la selva - dijo el ratón.

Al día siguiente, los dos se presentaron en el lugar acordado. El león se burlaba del ratón y le decía que no tenía ninguna posibilidad.

  • ¿Estás listo para morir? - le preguntó el león.
  • Veremos quién muere - respondió el ratón.

A la señal, los dos se lanzaron el uno contra el otro. El león abrió su enorme boca para atrapar al ratón, mientras que el ratón se esquivó con agilidad.

El león se sentía tan seguro de su victoria que decidió jugar con el ratón. Lo perseguía por la selva, rugiendo y saltando, pero sin atraparlo.

El ratón, en cambio, no se rendía ni un momento. Seguía escapando del león con astucia y rapidez, sin perder de vista su objetivo.

Cuando el león se cansó de tanto correr, vio con horror que el ratón había llegado a su guarida. Se metió por un agujero que el león no podía alcanzar.

  • ¡No puede ser! - gritó el león -. ¡Has hecho trampa!
  • No he hecho trampa - dijo el ratón -. He luchado con inteligencia y valentía. Tú has sido el tonto que se ha confiado demasiado y ha malgastado su energía.
  • ¡Esto no es justo! - se quejó el león -. ¡Quiero una revancha!
  • Lo siento, pero no hay revancha - dijo el ratón -. Ya has perdido tu apuesta. Ahora dame mi bolsa de queso.

El león tuvo que entregarle su bolsa de queso al ratón, que se la comió con gusto.

Moraleja: No te burles de los demás por su tamaño, porque puede que te sorprendan con su poder. Y tampoco te creas superior a nadie, porque puede que te humillen con su ingenio. O peor aún, puede que te encuentres con un cazador furtivo que te dispare con un rifle. Y entonces sí que habrás perdido la pelea… y la melena.

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