Había una vez tres ratones que vivían en una granja. Un día, decidieron salir a explorar el mundo y ver lo que había más allá de su hogar. Cada uno tomó un camino diferente y se alejó de sus hermanos.
El primer ratón llegó a un campo de trigo, donde vio muchos granos dorados. Se dijo a sí mismo: "¡Qué suerte he tenido! Aquí hay comida para toda la vida. No necesito buscar más". Y se quedó a comer y dormir entre las espigas.
El segundo ratón llegó a un bosque, donde vio muchos árboles y frutos. Se dijo a sí mismo: "¡Qué suerte he tenido! Aquí hay comida para toda la vida. No necesito buscar más". Y se quedó a comer y dormir entre las ramas.
El tercer ratón llegó a una ciudad, donde vio muchos edificios y vehículos. Se dijo a sí mismo: "¡Qué suerte he tenido! Aquí hay comida para toda la vida. No necesito buscar más". Y se quedó a comer y dormir entre las basuras.
Pasó el tiempo y los tres ratones se olvidaron de sus hermanos. Un día, el primer ratón fue atacado por un halcón que lo vio entre el trigo. El segundo ratón fue atacado por una serpiente que lo vio entre las hojas. El tercer ratón fue atacado por un gato que lo vio entre los desperdicios.
Los tres ratones murieron sin haber conocido nada más que su pequeño mundo. Y así aprendieron, demasiado tarde, que la verdadera suerte no está en lo que se encuentra, sino en lo que se busca.
Moraleja: No te conformes con lo que tienes, sino que busca siempre mejorar.

«No te conformes con lo que tienes, busca siempre mejorar. La verdadera suerte está en la exploración y superación constante.»
No lo olvides