Las aventuras de Procrastina Tardanza
Procrastina Tardanza era una estudiante de preparatoria³ que siempre posponía sus actividades, sus deberes y el estudiar. Y cuando se decidía a iniciar solía tardar en acabarlas. Se pasaba el tiempo posponiendo o realizando lento lo que debía hacer.

Procrastina Tardanza era una estudiante de preparatoria que siempre posponía sus actividades, sus deberes y el estudiar. Y cuando se decidía a iniciar solía tardar en acabarlas. Se pasaba el tiempo posponiendo o realizando lento lo que debía hacer.

Un día, su profesor de matemáticas le asignó un trabajo sobre las funciones trigonométricas que debía entregar al día siguiente. Procrastina pensó que era muy fácil y que podía hacerlo más tarde. Así que se fue a su casa y se puso a ver la televisión, a jugar videojuegos, a chatear con sus amigos y a comer golosinas.

Cuando se dio cuenta, ya era de noche y no había hecho nada del trabajo. Entonces se puso nerviosa y se fue a su computadora a buscar información. Pero resultó que su conexión a internet estaba fallando y no podía acceder a ninguna página. Además, su impresora se había quedado sin tinta y no tenía papel.

Procrastina empezó a llorar y a lamentarse por no haber hecho el trabajo antes. Se le ocurrió pedirle ayuda a algún compañero, pero todos estaban ocupados o ya se habían dormido. Entonces recordó que había una biblioteca cerca de su casa que abría las 24 horas. Se vistió rápidamente y salió corriendo hacia allá.

Pero cuando llegó a la biblioteca, se encontró con una sorpresa: estaba cerrada por remodelación. Procrastina se quedó paralizada frente a la puerta y no sabía qué hacer. De pronto, vio una luz en una ventana del segundo piso. Era el bibliotecario, que estaba trabajando en su oficina.

Procrastina decidió subir las escaleras y tocar la puerta del bibliotecario. Tal vez él podría prestarle algún libro o dejarle usar su computadora e impresora. Pero cuando llegó al segundo piso, se dio cuenta de que la puerta estaba cerrada con llave y tenía un letrero que decía: "No molestar".

Procrastina se desesperó y empezó a golpear la puerta con fuerza, gritando: "¡Por favor, ábrame! ¡Necesito ayuda! ¡Tengo que hacer un trabajo de matemáticas!". Pero nadie le respondió. Lo que no sabía Procrastina era que el bibliotecario era sordo y no podía oírla.

Entonces Procrastina tuvo una idea: romper la ventana con una piedra y entrar por ahí. Buscó una piedra en el suelo y la lanzó con todas sus fuerzas contra el cristal. Pero resultó que la ventana era blindada y la piedra rebotó hacia ella, golpeándola en la cabeza.

Procrastina cayó al suelo inconsciente y sangrando. Al rato llegaron unos policías que habían escuchado el ruido y la encontraron tirada en el piso. La llevaron al hospital más cercano, donde le hicieron unos puntos en la herida y le pusieron un vendaje.

Al día siguiente, Procrastina despertó en una cama del hospital, rodeada de sus padres y de su profesor de matemáticas. El profesor le preguntó qué había pasado y por qué no había entregado el trabajo. Procrastina le contó toda la historia, esperando que él tuviera compasión de ella.

Pero el profesor no le creyó nada y pensó que era una excusa más para justificar su pereza. Le dijo que le pondría un cero en el trabajo y que tendría que repetir el curso. Además, le dijo que tenía que pagar los daños causados a la biblioteca y al bibliotecario, que había sufrido un infarto al verla entrar por la ventana.

Procrastina se quedó sin palabras y solo pudo llorar amargamente. Se dio cuenta de que todo lo malo que le había pasado era consecuencia de su propia irresponsabilidad y falta de disciplina.

Procrastina se arrepintió de haber desperdiciado tanto tiempo y de haber descuidado sus estudios. Se prometió a sí misma que cambiaría su actitud y que se esforzaría por ser una mejor estudiante. Le pidió perdón a su profesor y le rogó que le diera otra oportunidad.

El profesor vio que Procrastina estaba sincera y que había sufrido bastante por su error. Así que decidió darle una segunda oportunidad, pero con una condición: que hiciera el trabajo de matemáticas y que lo presentara al día siguiente, sin falta.

Procrastina aceptó la condición y se puso a trabajar en el hospital. Le pidió a sus padres que le trajeran su computadora, su impresora y algunos libros de la escuela. También le pidió ayuda a algunos compañeros por teléfono y por internet. Se pasó toda la noche haciendo el trabajo, sin dormir ni descansar.

Al día siguiente, Procrastina terminó el trabajo y se lo entregó al profesor. El profesor lo revisó y quedó impresionado por la calidad y la profundidad del mismo. Le dijo a Procrastina que había hecho un excelente trabajo y que le pondría un diez.

Procrastina se sintió muy feliz y orgullosa de sí misma. Se dio cuenta de que era capaz de hacer las cosas bien cuando se lo proponía. También se dio cuenta de que el tiempo era muy valioso y que no debía desperdiciarlo en cosas sin importancia.

Desde ese día, Procrastina cambió su nombre por el de Pronta Yatiempo. Se convirtió en una estudiante ejemplar, puntual y responsable. Siempre hacía sus actividades, sus deberes y el estudiar a tiempo y con dedicación. Nunca más volvió a posponer nada ni a hacer las cosas lentamente.

Procrastina aprendió una gran lección: que la procrastinación es un mal hábito que puede traer graves consecuencias, pero que se puede superar con voluntad y disciplina. Y que la mejor forma de aprovechar el tiempo es haciendo las cosas bien desde el principio.

FIN

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