¡No quiero estudiar!
Daniel era un joven de preparatoria que no le gustaba estudiar, ni estar en clases, ni hacer tareas. Lo único que le interesaba era su teléfono celular, con el que se pasaba horas chateando, viendo videos y jugando. Le encantaba perder el tiempo con sus videojuegos favoritos, que le hacían sentir que era el mejor del mundo. Le gustaba que sus padres le tuvieran resuelta la vida, que le pagaran la escuela, la ropa, la comida y todo lo que necesitaba. No le importaba lo que pensaran de él, ni lo que esperaran de él. Él solo quería divertirse y no complicarse.

Daniel era un joven de preparatoria que no le gustaba estudiar, ni estar en clases, ni hacer tareas. Lo único que le interesaba era su teléfono celular, con el que se pasaba horas chateando, viendo videos y jugando. Le encantaba perder el tiempo con sus videojuegos favoritos, que le hacían sentir que era el mejor del mundo. Le gustaba que sus padres le tuvieran resuelta la vida, que le pagaran la escuela, la ropa, la comida y todo lo que necesitaba. No le importaba lo que pensaran de él, ni lo que esperaran de él. Él solo quería divertirse y no complicarse.

Daniel iba a la escuela porque era una forma de justificar su existencia en su casa, pues así no tenía que trabajar ni ayudar en nada. Además, en la escuela podía ver a sus amigos, que eran igual de vagos y desinteresados que él. Juntos se burlaban de los profesores, de los alumnos aplicados y de todo lo que les pareciera aburrido o difícil. Daniel siempre sacaba malas calificaciones, pero no le importaba. Él pensaba que la escuela era una pérdida de tiempo y que no le serviría para nada en la vida.

Cuando terminó la preparatoria, Daniel decidió seguir estudiando en la universidad, porque así podía seguir viviendo de sus padres y evitando el trabajo. Escogió una carrera al azar, sin saber nada de ella ni tener ninguna vocación o interés. Pensó que sería igual de fácil y divertido que la preparatoria, pero se equivocó.

En la universidad, Daniel se encontró con un ambiente muy diferente al que estaba acostumbrado. Los profesores eran más exigentes y rigurosos, los alumnos eran más serios y responsables, y las materias eran más complejas y profundas. Daniel no entendía nada de lo que le enseñaban, ni leía los libros que le asignaban, ni hacía los trabajos que le pedían. Seguía usando su celular en clase, jugando videojuegos en su casa y saliendo con sus amigos a perder el tiempo.

Daniel pronto se dio cuenta de que no podía seguir así. Sus calificaciones eran cada vez peores, sus padres estaban cada vez más decepcionados y enojados con él, y sus amigos empezaban a alejarse de él porque ya no tenían nada en común. Daniel se sentía solo, frustrado e inútil. No sabía qué hacer con su vida ni cómo cambiarla.

Un día, Daniel recibió una carta de la universidad. Era una notificación de expulsión por bajo rendimiento académico. Daniel se quedó helado al leerla. No podía creer lo que le estaba pasando. Se había quedado sin escuela, sin futuro y sin esperanza.

Daniel rompió la carta en pedazos y la tiró a la basura. Luego tomó su celular y lo arrojó contra la pared con todas sus fuerzas. El aparato se hizo añicos y dejó de funcionar. Daniel se echó a llorar desconsoladamente en su cama.

Así termina el cuento trágico-cómico de Daniel, el joven que no le gustaba estudiar.

22 comentarios en «¡No quiero estudiar!»

    1. Que triste cuando no tienes alguna motivación para continuar con los estudios o incluso si no es algun tema académico, algo que te anime a hacer las cosas ayuda mucho, la neta.

  1. El cuento presenta una cruda realidad sobre la falta de motivación y responsabilidad de Daniel, que lo lleva a un desenlace triste y desesperanzador.

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