La rana saltarina
Érase una vez una rana que vivía en un estanque. Le encantaba saltar de un lado a otro, pero a veces se aburría de ver siempre lo mismo. Un día, decidió salir a explorar el mundo y ver cosas nuevas.
Saltó por el bosque, admirando los árboles y las flores. Se encontró con un conejo, que le preguntó:
- ¿Qué haces por aquí, rana? ¿No deberías estar en tu estanque?
- Estoy de aventura - respondió la rana -. Quiero ver el mundo y conocer a otros animales.
- Pues ten cuidado - le advirtió el conejo -. Hay muchos peligros ahí fuera. Yo que tú volvería a tu casa.
- No te preocupes - dijo la rana -. Sé cuidarme sola.
Y siguió saltando, sin hacer caso al conejo.
Llegó a una granja, donde vio unas gallinas picoteando el suelo. Se acercó a ellas, curiosa.
- Hola, gallinas - las saludó la rana -. ¿Qué hacéis?
- Estamos buscando comida - respondieron las gallinas -. ¿Y tú quién eres?
- Soy una rana - dijo la rana -. Vengo del estanque y estoy de aventura.
- Pues ten cuidado - le aconsejaron las gallinas -. Hay muchos peligros ahí fuera. El granjero no le gusta que entren extraños en su terreno. Yo que tú volvería a tu casa.
- No te preocupes - dijo la rana -. Sé cuidarme sola.
Y siguió saltando, sin hacer caso a las gallinas.
Llegó a la ciudad, donde vio unos coches y unas motos circulando por las calles. Se quedó asombrada de ver tantas cosas que se movían rápido y hacían ruido. Quiso cruzar la calle, pero no se dio cuenta de que había un semáforo rojo.
- ¡Cuidado, rana! - gritó un niño que estaba en la acera -. ¡No puedes cruzar ahora! ¡Hay mucho tráfico!
- Estoy de aventura - dijo la rana -. Quiero ver la ciudad y conocer a otros seres.
- Pues ten cuidado - le dijo el niño -. Hay muchos peligros ahí fuera. Los coches y las motos pueden atropellarte. Yo que tú volvería a tu casa.
- No te preocupes - dijo la rana -. Sé cuidarme sola.
Y siguió saltando, sin hacer caso al niño.
Pero cuando estaba a punto de llegar al otro lado de la calle, un coche se acercó a toda velocidad y no pudo frenar a tiempo. La rana se asustó y dio un salto tan alto que se elevó por el aire y cayó sobre el techo del coche. El conductor se sorprendió al ver una rana en su parabrisas y frenó en seco. La rana salió disparada por el aire y cayó sobre una moto que pasaba por allí. El motociclista se asustó al ver una rana en su casco y perdió el equilibrio. La rana volvió a saltar y cayó sobre un camión que transportaba colchones. El camión frenó bruscamente y la rana rebotó sobre los colchones y salió volando por el aire.
La rana no sabía qué estaba pasando. Solo veía el cielo y las nubes mientras iba de un lado a otro. Pensó que aquello era muy divertido y se rió a carcajadas.
- ¡Qué aventura más divertida! - exclamó la rana -. ¡Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida!
Pero lo que no sabía la rana era que cada vez iba más alto y más lejos, hasta que llegó tan alto que salió de la atmósfera terrestre y entró en el espacio exterior.
Allí se quedó flotando, sin poder volver a bajar. Miró las estrellas y los planetas y se sintió muy sola.
- ¿Qué he hecho? - se preguntó la rana -. ¿Por qué no hice caso a los demás? Ahora estoy perdida y no puedo volver a mi casa.
Y se puso a llorar, arrepentida de su imprudencia.
FIN
