La muerte era una mujer hermosa y misteriosa que vestía de negro y llevaba una guadaña. A ella le gustaba visitar a las personas que estaban al final de sus vidas y ofrecerles un último deseo antes de llevarlas consigo. Algunos le pedían un beso, otros una canción, otros un recuerdo. Ella siempre cumplía sus deseos con una sonrisa y luego los abrazaba suavemente mientras les cortaba el hilo de la vida.
Un día, la muerte se encontró con un hombre anciano que estaba solo en su casa. Ella se acercó a él y le dijo:
- Hola, soy la muerte. He venido a buscarte.
- ¿Ya es mi hora? - preguntó el hombre con resignación.
- Sí, lo es. Pero antes de irnos, ¿qué deseas? Te concederé lo que quieras.
- ¿De verdad? - dijo el hombre con sorpresa.
- Sí, de verdad. Es mi forma de honrar tu existencia.
- Bueno, entonces… ¿podrías quedarte conmigo un rato? Estoy muy solo y me gustaría tener alguien con quien hablar.
La muerte se quedó pensativa. Nunca nadie le había pedido eso. Todos querían algo material o efímero, pero nadie quería su compañía. Ella sintió curiosidad por el hombre y aceptó su deseo.
- Está bien, me quedaré contigo un rato. ¿De qué quieres hablar?
- De lo que sea. De la vida, del amor, de la muerte…
Así empezó una conversación que duró horas. El hombre le contó a la muerte su historia, sus sueños, sus alegrías y sus penas. La muerte le escuchó con atención y le hizo preguntas. Ella también le habló de su trabajo, de sus experiencias, de sus sentimientos. Ambos se sorprendieron de lo mucho que tenían en común y de lo bien que se entendían.
Poco a poco, la noche se fue haciendo más oscura y el hombre se fue cansando. La muerte se dio cuenta de que era el momento de partir.
- Ha sido un placer hablar contigo - le dijo al hombre con dulzura.
- Lo mismo digo - le respondió el hombre con gratitud.
- ¿Estás listo para irte?
- Sí, lo estoy. Pero antes… ¿puedo pedirte algo más?
- ¿Qué es?
- ¿Puedes abrazarme?
La muerte se conmovió por el gesto del hombre. Él no le tenía miedo ni le guardaba rencor. Él solo quería sentir su calor y su consuelo. Ella accedió a su petición y lo abrazó fuertemente mientras le cortaba el hilo de la vida.
El hombre murió feliz y en paz. La muerte se quedó un momento junto a él y luego se levantó para marcharse. Pero antes de salir por la puerta, se detuvo y miró hacia atrás.
- Gracias por tu tiempo - le dijo al cadáver con una lágrima en el ojo.
Y luego se fue, llevándose consigo un recuerdo imborrable.

me pareció un cuento muy bonito, muchas gracias por tan bella reflexión profesor.
¿Podría haber sido otro el final?
Me pareció un cuento muy bonito, es una reflexión muy bonita sobre las cosas sencillas de la vida, como nos enfocamos tanto en lo material que olvidamos algo tan simple como un abrazo lo cual nos hace recaer en la soledad.
Me gusto mucho la historia y su reflexión porque te das cuenta que en la vida no todo es lo material lo las importante es la salud y el bienestar mio.
Creo que es un final muy apropiado y muy interesante, me gusta como la muerte, aun siendo la muerte se sorprende con el comportamiento de este señor, una pregunta muy intrigante sería que pediríamos nosotros, yo en lo personal le haría una pregunta sobre la vida.
¿Qué le preguntarías?
¿Existe el libre albedrío o estamos determinados por el destino?