No dejes que la realidad te limite.
Érase una vez un niño llamado Leo que le encantaba dibujar. Le gustaba dibujar todo tipo de cosas: animales, plantas, paisajes, personas, monstruos… Pero lo que más le gustaba dibujar eran mundos imaginarios, llenos de magia y aventura. Leo soñaba con poder viajar a esos mundos y vivir las historias que se inventaba. Pero sus padres y sus profesores le decían que dejara de soñar y se centrara en la realidad. Que tenía que estudiar, hacer los deberes, ayudar en casa y ser responsable. Que la vida no era un juego y que tenía que prepararse para el futuro.

Érase una vez un niño llamado Leo que le encantaba dibujar. Le gustaba dibujar todo tipo de cosas: animales, plantas, paisajes, personas, monstruos… Pero lo que más le gustaba dibujar eran mundos imaginarios, llenos de magia y aventura.

Leo soñaba con poder viajar a esos mundos y vivir las historias que se inventaba. Pero sus padres y sus profesores le decían que dejara de soñar y se centrara en la realidad. Que tenía que estudiar, hacer los deberes, ayudar en casa y ser responsable. Que la vida no era un juego y que tenía que prepararse para el futuro.

Leo se sentía triste y frustrado. No entendía por qué tenía que renunciar a sus sueños y a su creatividad. ¿Por qué la realidad tenía que ser tan aburrida y limitada? ¿Por qué no podía hacer lo que le hacía feliz?

Un día, mientras estaba en su habitación dibujando un mundo fantástico, se le ocurrió una idea. ¿Y si pudiera entrar en sus dibujos y explorarlos? ¿Y si pudiera crear su propia realidad con su imaginación?

Así que cogió unas tijeras y recortó la hoja de papel donde había dibujado el mundo. Luego la pegó en la pared y se acercó a ella. Para su sorpresa, vio que el dibujo se había convertido en una puerta. Una puerta que lo invitaba a entrar.

Leo no lo dudó ni un segundo. Abrió la puerta y entró en el mundo que había creado. Allí lo esperaban todo tipo de maravillas: castillos, dragones, hadas, piratas, robots… Leo se sintió feliz y emocionado. Por fin podía vivir sus sueños.

Y así fue como Leo empezó a crear su propia realidad. Cada día dibujaba un mundo nuevo y lo visitaba. Cada día vivía una aventura diferente. Cada día aprendía algo nuevo y se divertía.

Sus padres y sus profesores no entendían lo que hacía Leo. Le decían que estaba perdiendo el tiempo y que se alejaba de la realidad. Pero Leo no les hacía caso. Él sabía que su realidad era mucho más rica y hermosa que la de ellos.

Y así fue como Leo creció siendo feliz y libre. Y así fue como Leo demostró que no hay que dejar que la realidad te limite. Que puedes crear tu propia realidad con un poco de locura y mucho helado.

Fin.

Hoy es día de visitas en el manicomio. Martha, la mamá de Leo, le ha ido a visitar.

8 comentarios en «No dejes que la realidad te limite.»

  1. Tiene mucha similitud con la vida real, las personas se enojan cuando tienes algo que ellos no poseen; siento que en algún momento todos hemos tenido esta fantasía de escapar de esta realidad para vivir en otra, en lo personal yo haría lo mismo que hizo Leo.

  2. Es una tragicomedia, yo diría, el final te sorprende, me gusta que uno se pueda identificar con el protagonista porque la realidad no es tan bonita como la imaginación, la vida puede llegar a ser cruel y aburrida, pero en fin es la realidad y mientras vamos creciendo lo aprendemos a aceptar

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