Había una vez una escuela donde los animales estudiaban para ser más sabios. Entre ellos había un burro muy perezoso que nunca hacía sus deberes ni prestaba atención en clase. También había un búho muy estudioso que siempre sacaba las mejores calificaciones y se esforzaba por aprender.
Un día, los maestros anunciaron un examen muy importante que decidiría el futuro de los alumnos. El burro se asustó mucho, pues sabía que no estaba preparado para el examen. El búho, en cambio, se sintió tranquilo, pues sabía que había estudiado lo suficiente.
El día del examen llegó y los dos amigos se sentaron juntos en el aula. El burro le pidió al búho que le dejara copiar sus respuestas, pues era su única esperanza de aprobar. El búho se negó, pues le parecía injusto e inmoral. Le dijo al burro:
- No te puedo dejar copiar, amigo. Eso sería hacer trampa y faltar al respeto a los maestros y a ti mismo. Además, tú también tienes capacidad para responder el examen. Solo te falta un poco de esfuerzo.
El burro se enfadó mucho con el búho y le dijo:
- No seas egoísta, amigo. Tú tienes mucha suerte de ser tan inteligente y tener tanta memoria. Yo no tengo esas cualidades. Solo te pido un pequeño favor. Si me ayudas, te estaré muy agradecido.
El búho se compadeció del burro y accedió a dejarle copiar algunas respuestas, pero no todas. Le dijo al burro:
- Está bien, te dejaré copiar algunas respuestas, pero solo las más fáciles. Las más difíciles tendrás que responderlas tú solo. Así podrás demostrar que has aprendido algo.
El burro aceptó el trato y se puso a copiar las respuestas del búho. Sin embargo, como era muy perezoso y no tenía ni idea de lo que estaba escribiendo, se equivocó al copiar y puso las respuestas al revés. Por ejemplo, donde el búho había puesto "verdadero", el burro puso "falso", y viceversa.
Al final del examen, los maestros recogieron las hojas de los alumnos y las corrigieron. Para su sorpresa, descubrieron que el burro había acertado todas las respuestas difíciles y fallado todas las fáciles. Pensaron que era un genio incomprendido y le pusieron la máxima calificación. El búho, en cambio, había acertado todas las respuestas fáciles y fallado algunas de las difíciles. Pensaron que era un alumno mediocre y le pusieron una calificación regular.
El burro se alegró mucho de su resultado y se burló del búho. Le dijo:
- ¿Ves como tenías que dejarme copiar? Gracias a ti he sacado la mejor calificación de la clase. Tú en cambio has sacado una calificación muy baja. Parece que no eres tan listo como creías.
El búho se quedó muy triste y confundido. No entendía cómo había podido pasar eso. Se dio cuenta de que había sido un error ayudar al burro y se arrepintió de haberlo hecho.
Moraleja: La ignorancia es atrevida, pero la sabiduría es tonta.

Interesante final, una enseñanza extra de la historia es que de ninguna forma un examen puede definirte como persona, mediocre, regular o excelente
«Todos somos unos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido.»
La historia muestra que la honestidad y el esfuerzo propio son valiosos. La trampa no lleva al verdadero éxito.
…y hay quien vive su vida de manera tramposa