Había una vez un hombre llamado Pedro que odiaba levantarse temprano. Siempre se quedaba en la cama hasta el último momento y luego salía corriendo a su trabajo, sin desayunar ni asearse. Su jefe estaba harto de sus retrasos y le advirtió que si volvía a llegar tarde lo despediría.
Un día, Pedro se despertó con el sonido de su despertador y lo apagó de un manotazo. Pensó que podía dormir cinco minutos más y se volvió a quedar dormido. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que eran las nueve y media y entró en pánico. Se vistió a toda prisa y salió de su casa sin mirar atrás.
Lo que Pedro no sabía era que ese día había una huelga de transporte y las calles estaban llenas de manifestantes, piquetes y policías. Pedro intentó coger un taxi, pero ninguno se detenía. Decidió ir andando, pero se encontró con un grupo de encapuchados que le robaron el móvil y la cartera. Siguió caminando, pero se topó con una barricada de neumáticos en llamas y tuvo que dar un rodeo. Llegó a una avenida principal, pero estaba cortada por la policía que disparaba balas de goma y gases lacrimógenos. Pedro trató de cruzar, pero recibió un impacto en la cabeza y cayó al suelo inconsciente.
Cuando Pedro despertó, estaba en un hospital rodeado de médicos y enfermeras. Le dijeron que había tenido mucha suerte de sobrevivir y que le habían salvado la vida. Le explicaron que tenía una fractura craneal, una conmoción cerebral, una hemorragia interna y varias contusiones por todo el cuerpo. Le dijeron que tendría que quedarse ingresado varios días y que luego tendría que hacer rehabilitación.
Pedro se echó a llorar y se lamentó de su mala suerte. Pensó en su trabajo, en su jefe, en su salario, en sus facturas, en su alquiler, en su vida. Se preguntó por qué le había pasado todo eso a él. Entonces, escuchó una voz que le dijo:
- No te preocupes, Pedro. Todo tiene una explicación. Todo pasa por algo.
Pedro levantó la vista y vio a un hombre vestido de blanco con una barba larga y una sonrisa bondadosa. Era Dios.
- ¿Dios? -preguntó Pedro incrédulo.
- Sí, Pedro. Soy yo. He venido a consolarte y a darte una lección.
- ¿Una lección? ¿Qué lección?
- La lección de que debes levantarte temprano.
- ¿Levantarme temprano? ¿Esa es la lección? ¿Me has hecho pasar por todo esto para enseñarme eso?
- Sí, Pedro. Levantarte temprano es muy importante. Te ayuda a estar más saludable, más productivo, más feliz. Te evita muchos problemas y te abre muchas oportunidades.
- Pero Dios… ¿no podías haberme enseñado eso de otra forma? ¿No podías haberme mandado un sueño o un ángel o un libro o algo así?
- No, Pedro. Eso no habría funcionado contigo. Eres muy terco y perezoso. Necesitabas una experiencia fuerte que te hiciera cambiar tu actitud.
- Pero Dios… ¿no es muy cruel lo que me has hecho? ¿No es muy injusto?
- No, Pedro. No es cruel ni injusto. Es amoroso y justo. Te he dado una oportunidad de mejorar tu vida. Te he dado una segunda oportunidad.
- Pero Dios… ¿y si no quiero cambiar? ¿Y si quiero seguir durmiendo hasta tarde?
- Entonces, Pedro… tendrás que atenerte a las consecuencias.
Y dicho esto, Dios desapareció.
Pedro se quedó solo en su cama de hospital, pensando en lo que acababa de oír. No sabía si creer o no en lo que había visto. Tal vez había sido una alucinación provocada por el golpe. Tal vez había sido un sueño. Tal vez había sido una broma de mal gusto.
Pero por si acaso, decidió hacer caso a Dios y cambiar su hábito de dormir. Se propuso levantarse temprano todos los días y aprovechar el tiempo al máximo. Pensó que así podría recuperar su trabajo, pagar sus deudas, mejorar su salud y ser feliz.
Al día siguiente, Pedro se despertó a las ocho de la mañana con el sol entrando por la ventana. Se sintió lleno de energía y optimismo. Se levantó de la cama y se dirigió al baño para ducharse y afeitarse. Se puso una bata y unas zapatillas y salió al pasillo.
Lo que Pedro no sabía era que ese día había un incendio en el hospital y las alarmas no habían funcionado. El fuego se había propagado por todo el edificio y las llamas habían llegado hasta su planta. Pedro salió al pasillo y se encontró con un infierno. El humo le impedía respirar y ver. El calor le quemaba la piel y la ropa. Los gritos de los pacientes y el personal le perforaban los oídos.
Pedro intentó volver a su habitación, pero la puerta estaba cerrada con llave. Buscó una salida, pero todas estaban bloqueadas por el fuego o los escombros. Corrió por el pasillo, pero se tropezó con un cadáver y cayó al suelo. Se arrastró por el suelo, pero se clavó una jeringuilla infectada y se contagió de una enfermedad mortal. Llegó a una ventana, pero estaba sellada con rejas y cristales blindados.
Pedro se dio cuenta de que estaba atrapado y de que iba a morir. Se echó a llorar y se lamentó de su mala suerte. Pensó en su vida, en sus sueños, en sus planes. Se preguntó por qué le había pasado todo eso a él. Entonces, escuchó una voz que le dijo:
- No te preocupes, Pedro. Todo tiene una explicación. Todo pasa por algo.
Pedro levantó la vista y vio a un hombre vestido de rojo con unos cuernos largos y una sonrisa maliciosa. Era el Diablo.
- ¿El Diablo? -preguntó Pedro incrédulo.
- Sí, Pedro. Soy yo. He venido a burlarme de ti y a llevarte al infierno.
- ¿Al infierno? ¿Por qué?
- Porque eres un pecador, Pedro. Un pecador que no ha cumplido con los mandamientos de Dios.
- ¿Qué mandamientos? ¿Qué pecados?
- Los mandamientos de levantarte temprano, Pedro. Los pecados de dormir hasta tarde.
- ¿Levantarme temprano? ¿Dormir hasta tarde? ¿Esos son los mandamientos y los pecados?
- Sí, Pedro. Levantarte temprano es el primer mandamiento de Dios. Dormir hasta tarde es el peor pecado que puedes cometer.
- Pero Diablo… ¿no es eso una tontería? ¿No es eso una arbitrariedad? ¿No es eso una injusticia?
- No, Pedro. No es una tontería ni una arbitrariedad ni una injusticia. Es la voluntad de Dios. Y tú has desobedecido su voluntad.
- Pero Diablo… ¿y si no quiero obedecer su voluntad? ¿Y si quiero seguir durmiendo hasta tarde?
- Entonces, Pedro… tendrás que atenerte a las consecuencias.
Y dicho esto, el Diablo se lo llevó al infierno.
Moraleja: Levántate temprano o arderás en el infierno.

Pedro me define, literalmente mi personalidad oculta es Pedro.
Entonces no te vaya a pasar lo que le paso a Pedro!
🙂
Una pena por Pedro, quien diría que terminaría en el infierno;(
Asi es!
Les mentí, mi nombre no es Paola, en verdad soy Pedro.
Me identifico con pedro, soy muy impuntual
Pero que no te pase lo que a Pedro!!!
Es una excelente historia, se nota la inspiración del autor
¿A quién le gusta levantarse temprano?
Una obra de arte traida a la actualidad, gracias por maravillarnos con tan hermosa lectura
¿Identificado?
Esta es mi favoritaaaa
La verdad me gusto como interactuan pedro y el diablo
Somos el campo de batalla
Me identifico mucho con pedro, nunca estoy lista temprano
¡No te conviertas en Pedro!
Pieza ASOMBROSA de la literatura moderna
Un cuento basado en exeriencias reales
Muy buena historia para reflexionar
Que bueno que te gusto
increíble la verdad, 10/10
Pero no te conviertas en Pedro
Cada acción tiene su consecuencia, es decisión propia realizar estas acciones.
Elsa Alejandra López Molina ~ Cálculo
¿Te levantas temprano?
Me identifico mucho con pedro, soy muy impuntual
¿Haras algo al respecto?
El final es tan inesperado, pero sí me motivo a empezar a levantarme más temprano!!
¿Que final alternativo sugeririas?
Ni modo arderé en el infierno ♀️
😮
Muy buen blog, conmovido