Alberto estaba aburrido en su casa, mirando la televisión sin prestar atención. Sus padres habían salido a hacer unas compras y él se había quedado solo. De repente, escuchó que alguien tocaba a la puerta con insistencia. Se levantó del sofá y fue a abrir, pensando que sería algún vecino o un repartidor.
Pero lo que vio al otro lado de la puerta lo dejó sin palabras. Era él mismo, pero con una ropa diferente, un corte de pelo distinto y una expresión de pánico en el rostro.
- ¿Quién eres tú? -preguntó Alberto, confundido.
- Soy tú, pero de otra dimensión -respondió el otro Alberto-. Por favor, déjame entrar, te lo explicaré todo.
Alberto no sabía si creerle o no, pero algo en su mirada le hizo sentir curiosidad. Así que lo dejó pasar y lo llevó al salón.
- ¿Qué está pasando? -preguntó Alberto, sentándose en el sofá.
- Verás, yo vengo de un mundo donde todo es diferente al tuyo -empezó a contar el otro Alberto-. Allí hay una guerra entre dos facciones que quieren controlar el poder. Yo pertenezco a la resistencia, que lucha por la libertad y la paz. Hace unos días, descubrimos que el enemigo tenía un arma secreta: un portal que les permitía viajar a otras dimensiones y robar recursos o reclutar aliados. Decidimos infiltrarnos en su base y sabotear el portal, pero algo salió mal. Cuando activé la bomba que debía destruirlo, el portal se abrió y me succionó. Y así es como llegué aquí.
- ¿Y cómo sabes que este es mi mundo y no otro? -preguntó Alberto, incrédulo.
- Porque reconocí tu casa. Es igual a la mía, solo que más limpia y ordenada -dijo el otro Alberto-. Y porque tienes una foto de tus padres en la mesita. Son iguales a los míos, solo que más felices y sonrientes.
Alberto miró la foto y luego al otro Alberto. Era cierto, eran idénticos. Pero también había diferencias. El otro Alberto tenía una cicatriz en la mejilla, una pulsera con un símbolo extraño y un tatuaje en el brazo.
- ¿Y ahora qué? -preguntó Alberto-. ¿Cómo vas a volver a tu dimensión?
- No lo sé -admitió el otro Alberto-. Necesito encontrar otro portal o alguna forma de contactar con mi equipo. Tal vez haya alguna pista en este mundo que me ayude.
- Bueno, pues yo te puedo ayudar -se ofreció Alberto-. Al fin y al cabo, somos la misma persona. Y además, esto es más interesante que ver la tele.
- Gracias -dijo el otro Alberto-. Eres muy amable. En mi mundo no hay mucha gente así.
- De nada -dijo Alberto-. Pero tenemos que darnos prisa. Mis padres volverán pronto y no sé cómo les voy a explicar esto.
Así comenzó la aventura de los dos Albertos, que recorrieron la ciudad buscando pistas sobre el portal interdimensional. Por el camino se encontraron con situaciones cómicas y peligrosas, como cuando se toparon con una pandilla de matones que los confundieron con unos rivales; o cuando entraron en una tienda de cómics y se quedaron fascinados con las historias de superhéroes; o cuando se colaron en un laboratorio científico y activaron accidentalmente un experimento que los hizo cambiar de cuerpo.
Finalmente, descubrieron que el portal estaba oculto en un museo de arte moderno, donde había una escultura que representaba un círculo con rayas de colores. Era una trampa del enemigo, que esperaba que algún viajero dimensional cayera en ella.
Los dos Albertos se acercaron a la escultura con cautela, pero antes de que pudieran hacer nada, fueron sorprendidos por unos guardias armados que los rodearon.
- ¡Alto ahí! -gritó uno de los guardias-. Están bajo arresto por intentar sabotear el portal interdimensional.
- ¿Qué? -exclamó Alberto-. ¿De qué están hablando?
- No se hagan los tontos -dijo otro guardia-. Sabemos que son agentes de la resistencia. Los hemos estado siguiendo desde que llegaron a esta dimensión.
- Eso no es cierto -protestó el otro Alberto-. Nosotros solo queremos volver a nuestra dimensión. No somos de la resistencia.
- No nos mientan -dijo el primer guardia-. Tenemos pruebas. Miren esto.
El guardia sacó un dispositivo que mostraba una imagen de los dos Albertos entrando en el laboratorio científico y activando el experimento que los hizo cambiar de cuerpo.
- ¿Ven? -dijo el guardia-. Esto demuestra que son unos espías que usan una tecnología de camuflaje para infiltrarse en nuestras instalaciones.
- No, eso fue un accidente -trató de explicar Alberto-. Nos equivocamos de botón.
- Sí, claro -dijo el guardia-. Y supongo que también fue un accidente cuando entraron en la tienda de cómics y se llevaron varios ejemplares sin pagar.
- Bueno, eso sí fue a propósito -admitió el otro Alberto-. Pero es que nos gustaron mucho las historias.
- Ya basta -dijo el guardia-. No vamos a perder más tiempo con ustedes. Los vamos a llevar al portal y los vamos a enviar a una dimensión donde no puedan causar más problemas.
Los guardias los arrastraron hasta la escultura y la activaron con un mando a distancia. El círculo se iluminó y empezó a girar, creando un vórtice de colores.
- Adiós, intrusos -dijo el guardia-. Espero que disfruten de su viaje.
Los guardias empujaron a los dos Albertos al portal y estos desaparecieron en el torbellino.
Pero lo que los guardias no sabían era que el portal estaba defectuoso y no enviaba a las personas a una dimensión específica, sino a una aleatoria. Así que los dos Albertos no sabían dónde iban a acabar ni si podrían volver algún día.
Lo único que sabían era que estaban juntos y que tenían que seguir buscando una forma de regresar a su dimensión original. Y también sabían que, pese a todo, se lo estaban pasando bien conociendo otros mundos y viviendo aventuras increíbles.
Y así termina la historia de los dos Albertos, que quizás algún día encuentren el camino de vuelta o quizás no. Pero lo que sí es seguro es que nunca se aburrirán. Fin.

Me gusto la historia por que me gustaría tener otro yo y pues me base como si estuviera yo en la historia
Es el viaje más inesperado que he leído, fue hermoso
Te gustaría un viaje así
Que increíble relación tienen los dos Albertos, espero que algún día encuentren el camino de vuelta robando más cómics