Lalo y Lola eran dos amigos que se habían conocido en un curso de fotografía. Les gustaba salir a tomar fotos de lugares abandonados y misteriosos. Un día, se enteraron de que había un jardín en las afueras de la ciudad que estaba cerrado al público desde hacía décadas. Según la leyenda, el jardín pertenecía a una familia rica que había desaparecido una noche sin dejar rastro. Se decía que el jardín estaba maldito y que nadie se atrevía a entrar.
Lalo y Lola decidieron ir a ver el jardín con sus cámaras. Pensaron que sería una buena oportunidad para capturar imágenes únicas y escalofriantes. Llegaron al lugar al atardecer. El jardín estaba rodeado por un alto muro de piedra con una verja de hierro. La verja estaba cerrada con un candado, pero Lalo logró forzarlo con unas pinzas.
- ¡Vamos! - dijo Lalo -. No tenemos mucho tiempo antes de que anochezca.
- ¿Estás seguro de que esto es una buena idea? - preguntó Lola -. Me da mala espina este sitio.
- No seas miedosa - dijo Lalo -. Será divertido.
Los dos amigos entraron al jardín. Lo primero que vieron fue una gran fuente en el centro, con una estatua de un ángel que sostenía una espada. El agua estaba sucia y estancada. Alrededor de la fuente había varios bancos de piedra cubiertos de musgo y hojas secas.
- Qué raro - dijo Lola -. Parece que nadie ha venido aquí en años.
- Mejor para nosotros - dijo Lalo -. Así tendremos más intimidad.
Lalo y Lola empezaron a tomar fotos de la fuente, los bancos, las plantas y las flores que crecían salvajes por el jardín. El lugar tenía un encanto decadente y melancólico. A medida que avanzaban por el jardín, se encontraron con otros elementos curiosos: un laberinto de setos, un invernadero lleno de cristales rotos, un columpio colgando de un árbol, una caseta de perro vacía…
- Este jardín es increíble - dijo Lalo -. Tiene tantas cosas por descubrir.
- Sí, pero también me da un poco de miedo - dijo Lola -. ¿No sientes como si alguien nos estuviera observando?
- No seas paranoica - dijo Lalo -. Estamos solos.
Lalo y Lola siguieron explorando el jardín hasta que llegaron a una zona más alejada y sombría. Allí vieron una pequeña capilla con una cruz en la puerta. La capilla estaba cerrada con un candado, pero Lalo lo rompió con las pinzas.
- ¿Qué haces? - preguntó Lola -. No deberíamos entrar ahí.
- ¿Por qué no? - preguntó Lalo -. Tal vez haya algo interesante dentro.
- No sé… me parece una falta de respeto - dijo Lola.
- Vamos, no seas mojigata - dijo Lalo -. Solo vamos a echar un vistazo.
Lalo abrió la puerta de la capilla y entró. Lola lo siguió con recelo. Dentro de la capilla había un altar con un crucifijo, unas velas apagadas y unos libros viejos. También había unos bancos de madera y unas vidrieras con imágenes religiosas.
- Qué bonito - dijo Lalo -. Parece una iglesia en miniatura.
- Sí, pero también me parece muy triste - dijo Lola -. ¿Qué habrá pasado con la gente que vivía aquí?
- No lo sé, ni me importa - dijo Lalo -. Lo único que me importa es tomar buenas fotos.
Lalo empezó a fotografiar el altar, el crucifijo, las velas y los libros. Lola se quedó mirando las vidrieras. Le llamó la atención una que representaba el el juicio final. En la vidriera se veía a un ángel con una trompeta anunciando el fin del mundo, y a varias personas arrodilladas y suplicantes. Lola sintió un escalofrío al mirar la escena.
- ¿Qué haces? - le preguntó Lalo.
- Nada, solo estaba mirando esta vidriera - dijo Lola.
- ¿Te gusta? - preguntó Lalo.
- No mucho, la verdad - dijo Lola.
- Pues a mí me parece genial - dijo Lalo -. Tiene un aire apocalíptico que me encanta.
Lalo se acercó a la vidriera y le tomó una foto con su cámara. En ese momento, se oyó un sonido metálico. Era la puerta de la capilla que se cerraba de golpe.
- ¿Qué fue eso? - exclamó Lola.
- No sé, pero tenemos que salir de aquí - dijo Lalo.
Los dos amigos corrieron hacia la puerta y trataron de abrirla. Pero estaba cerrada con llave.
- ¡Estamos atrapados! - gritó Lola.
- ¡Socorro! - gritó Lalo.
Entonces, oyeron una voz que venía del altar.
- Hola, Lalo y Lola - dijo una voz grave y sombría.
- ¿Quién eres? - preguntó Lalo con miedo.
- Soy el guardián del jardín - dijo la voz.
- ¿Qué quieres de nosotros? - preguntó Lola con angustia.
- Quiero castigarlos por su osadía - dijo la voz.
- ¿Castigarnos? ¿Por qué? - preguntó Lalo con recelo.
- Porque han profanado este lugar sagrado con sus cámaras y su curiosidad - dijo la voz.
- Lo sentimos, no queríamos ofender a nadie - dijo Lola.
- Demasiado tarde para disculpas - dijo la voz -. Ahora tendrán que enfrentarse al juicio final.
De repente, las velas del altar se encendieron solas. El crucifijo empezó a sangrar. Los libros se abrieron y las páginas se movieron como si hubiera viento. Y la vidriera se iluminó con una luz cegadora.
Lalo y Lola se taparon los ojos y gritaron de terror. No sabían qué iba a pasarles. Estaban atrapados en una pesadilla.
Dos personajes más fueron añadidos al vitral.

Esta historia se me hizo un poco más como de terror pero esta diferentes alas demás que e leido.
La historia está muy interesante :))))
El añadido de los personajes al vitral intensifica el misterio y el peligro que rodea al jardín. La historia toma un giro aterrador y los protagonistas quedan atrapados en una situación sobrenatural.
¿Como se revertiría el hechizo?