{"id":704,"date":"2025-04-24T11:49:07","date_gmt":"2025-04-24T18:49:07","guid":{"rendered":"https:\/\/ozn.org.mx\/historias\/?p=704"},"modified":"2025-04-24T11:49:09","modified_gmt":"2025-04-24T18:49:09","slug":"la-cazadora-de-unicornios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ozn.org.mx\/historias\/2025\/04\/24\/la-cazadora-de-unicornios\/","title":{"rendered":"La Cazadora de Unicornios"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\">El lago era de un agua cristalina y transparente. Peces de colores parec\u00edan jugar, saltando alrededor de Alice, la sirena que lo habitaba. Ten\u00eda una larga cabellera de un intenso azul que ca\u00eda en cascada sobre sus hombros, ojos profundos y verdes como el oc\u00e9ano, y una piel de tono perlado que reflejaba la luz del sol. Su cola, cubierta de escamas iridiscentes, destellaba con todos los colores del arco\u00edris cuando se mov\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">En el bosque exist\u00edan seis lagos interconectados por grutas submarinas secretas, que, en alg\u00fan lugar lejano y m\u00e1gico, llegaban hasta el mar. El c\u00e9sped que rodeaba el lago parec\u00eda una alfombra multicolor, repleta de flores, arbustos y un gran y extra\u00f1o \u00e1rbol milenario. Se llamaba Romina, y en una misteriosa simbiosis con las hadas Aurora y Monserrat, lograban renacer cada 500 a\u00f1os ayud\u00e1ndose mutuamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Duendes, hadas, plantas, \u00e1rboles, animales y arbustos conviv\u00edan en armon\u00eda en este santuario natural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Sedientos y cansados, Abigail \u2014un imponente unicornio de color rosa\u2014 y sus dos reto\u00f1os, Diego y Cristian, se acercaron con cautela a saciar su sed. No hab\u00edan comido ni bebido en d\u00edas, pues eran perseguidos por Renata, la c\u00e9lebre cazadora de unicornios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El miedo, el agotamiento y la sed se notaban en sus rostros. Alice, la sirena, les hizo una se\u00f1a amable desde el centro del lago, invit\u00e1ndolos a acercarse. Los unicornios bebieron el agua clara sin sospecha alguna, dej\u00e1ndose envolver por la tranquilidad del lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Pero no muy lejos, Renata se acercaba, sigilosa. Vest\u00eda una armadura de guerra medieval que hablaba de su fuerza y destreza. El casco de hierro, con intrincados grabados, ocultaba su mirada feroz. Su rostro, marcado por cicatrices, contaba historias de enfrentamientos pasados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">La armadura, compuesta por placas de acero perfectamente ajustadas, le permit\u00eda moverse con agilidad. En el centro del pecho, una placa exhib\u00eda el emblema de su familia: un unicornio atrapado en una red. Era el s\u00edmbolo de su linaje y su obsesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Portaba una espada larga cuya hoja brillaba bajo el sol. La empu\u00f1adura, envuelta en cuero, facilitaba un agarre firme. De su cintur\u00f3n colgaban dagas y frascos de pociones. Una capa oscura como la noche se desplegaba tras ella, camufl\u00e1ndola entre los \u00e1rboles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Con pasos silenciosos, Renata se aproximaba al lago donde los unicornios, confiados, beb\u00edan sin imaginar el peligro. La determinaci\u00f3n en sus ojos dejaba claro que no se detendr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Ajena a todo, Abigail no not\u00f3 su presencia hasta que sinti\u00f3 la red caer sobre su cuerpo. Las piedras en los extremos hicieron que la gravedad la arrastrara violentamente. Presintiendo el peligro, grit\u00f3 a sus cr\u00edas que corrieran. Romina, el \u00e1rbol, extendi\u00f3 sus ramas para esconder a Diego y Cristian.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Renata sac\u00f3 su arco. Una flecha vol\u00f3 y se incrust\u00f3 en los cuartos traseros del unicornio. La sangre plateada empez\u00f3 a brotar. El dolor recorri\u00f3 su cuerpo. Otra flecha impact\u00f3 cerca del coraz\u00f3n: certera, cruel, pero no letal. La muerte ser\u00eda obra de su espada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Abigail yac\u00eda en el suelo, enredada, sangrante. No pensaba en su dolor, sino en sus hijos, que miraban ocultos entre los arbustos. Su vista se nublaba. Vio acercarse a Renata, espada en mano, lista para ejecutar el golpe final. Un par de l\u00e1grimas doradas cayeron de sus ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Renata apoy\u00f3 su bota sobre el cuello de la criatura. Comenz\u00f3 a susurrar palabras llenas de rencor. Eran frases que le hab\u00edan repetido desde ni\u00f1a: que los unicornios eran traicioneros, causantes de antiguas desgracias. Que merec\u00edan desaparecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Alz\u00f3 la espada con ambas manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Y entonces, de reojo, algo la detuvo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Los ojos. Los ojos de los potrillos, temblando, observ\u00e1ndola. No la miraban con odio. La miraban con miedo\u2026 y con una esperanza imposible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Y fue en esa mirada donde algo se quebr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Una r\u00e1faga c\u00e1lida le recorri\u00f3 la espalda. Im\u00e1genes borrosas irrumpieron sin aviso: ella misma, ni\u00f1a, corriendo entre flores. Un unicornio blanco, real, pac\u00edfico. Su madre, tom\u00e1ndola de la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">\u2014No todos los unicornios son enemigos, hija \u2014le dec\u00eda\u2014. Algunos&#8230; son puentes entre mundos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">En otra escena ve\u00eda a su padre delirando de fiebre, la madre llorando. Un cuerno de unicornio colgado en la pared. Una historia de odio que no era suya\u2026 pero que hab\u00eda cargado toda su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El peso de la espada se volvi\u00f3 insoportable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Mir\u00f3 a Abigail, jadeante, indefensa. A los potrillos, a Romina, a Alice.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Y entonces, baj\u00f3 la espada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Se arrodill\u00f3, no como guerrera, sino como hija de una ni\u00f1a que alguna vez crey\u00f3 en la magia. Hundi\u00f3 las manos en el c\u00e9sped y dej\u00f3 que el arma ancestral cayera a un lado. Cerr\u00f3 los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">\u2014Perd\u00f3name \u2014susurr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Romina extendi\u00f3 una rama y toc\u00f3 su hombro. Alice emergi\u00f3 del agua y comenz\u00f3 a sanar a Abigail con un canto antiguo. Aurora y Monserrat flotaron en espiral, liberando polvo de luz. El aire vibraba con algo nuevo. Algo puro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Abigail, a\u00fan d\u00e9bil, se incorpor\u00f3 lentamente. No huy\u00f3. No atac\u00f3. Solo se qued\u00f3 quieta. Sus ojos se encontraron con los de Renata. Por un instante, no hubo cazadora ni presa. Solo dos almas rotas que empezaban a sanar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El miedo, el agotamiento y la sed se notaban en sus rostros. Alice, la sirena, les hizo una se\u00f1a amable desde el centro del lago, invit\u00e1ndolos a acercarse. 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